Actors
04/11/2009, 12:40
Del 2 al 8 de noviembre se hará en el Actors Studio, Díaz Vélez 3842 (4-958-8268), con entrada libre y gratuita, un ciclo de actividades en homenaje a Eugène Ionesco en el centenario de su nacimiento (Slatina, Rumania, 29 de noviembre de 1909; París, 1994). Lo organiza el Instituto de Artes del Espectáculo de la Facultad de Filosofía y Letras y culminará en la última fecha citada con el estreno de Asesino sin salario ( Tueur sans gages ), con traducción, versión y dirección de Francisco Javier.
Motivo por el cual Javier acaba de publicar el opúsculo Volver al principio , donde relata cómo descubrió al dramaturgo rumano antes de que éste alcanzara fama mundial; cómo lo conoció en París, se hicieron amigos y se convirtió -Javier- en el principal difusor de su obra en la Argentina. El texto es atractivo y conmovedor, no sólo porque Javier (hoy, a los 86 años, uno de los directores del Fondo Nacional de las Artes) sabe narrar sino también porque evoca el arduo proceso mediante el cual el público porteño terminó por aceptar el teatro del absurdo y aprendió a disfrutarlo.
* * *
Desde el contacto inicial ("De una manera accidental llegó a mis manos el texto de La lección , una de sus primeras obras?") hasta la actualidad, Javier describe su forma de entender esta dramaturgia singular. Respecto del rechazo unánime de la crítica francesa a La cantante calva , cuando su estreno en 1950 en el Théâtre des Maturins -antes de su definitiva instalación en la salita de La Huchette -, anota: "Obra que no contaba ninguna historia, cuyos personajes no respondían a una estructura psicológica y estaban relacionados de la manera más arbitraria, poseídos por un lenguaje convencional y ambiguo, con términos y frases que parecían responder a juegos humorísticos; y, finalmente, en la obra no había ninguna cantante calva".
También el público porteño reaccionó al comienzo en forma análoga, cuando Javier se atrevió a estrenar dos obras de Ionesco, La lección y Santiago, o la sumisión . Pero los críticos locales, no sujetos a los estrictos códigos franceses, fueron más perspicaces y prestaron atención al fenómeno que trastornaba al teatro occidental, encarnado sobre todo en Samuel Beckett y en Ionesco. Así, cuando llegó el turno de la puesta, dirigida por Javier, de Las sillas (con admirables interpretaciones de Alba Mujica y Lisandro Selva), el éxito estuvo asegurado. El pequeño libro (46 páginas) es un tesoro de información y evoca a entrañables figuras de la escena alternativa de entonces: entre otros, al maestro Saulo Benavente y a nuestra inolvidable colega y amiga Nina Cortese.
Motivo por el cual Javier acaba de publicar el opúsculo Volver al principio , donde relata cómo descubrió al dramaturgo rumano antes de que éste alcanzara fama mundial; cómo lo conoció en París, se hicieron amigos y se convirtió -Javier- en el principal difusor de su obra en la Argentina. El texto es atractivo y conmovedor, no sólo porque Javier (hoy, a los 86 años, uno de los directores del Fondo Nacional de las Artes) sabe narrar sino también porque evoca el arduo proceso mediante el cual el público porteño terminó por aceptar el teatro del absurdo y aprendió a disfrutarlo.
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Desde el contacto inicial ("De una manera accidental llegó a mis manos el texto de La lección , una de sus primeras obras?") hasta la actualidad, Javier describe su forma de entender esta dramaturgia singular. Respecto del rechazo unánime de la crítica francesa a La cantante calva , cuando su estreno en 1950 en el Théâtre des Maturins -antes de su definitiva instalación en la salita de La Huchette -, anota: "Obra que no contaba ninguna historia, cuyos personajes no respondían a una estructura psicológica y estaban relacionados de la manera más arbitraria, poseídos por un lenguaje convencional y ambiguo, con términos y frases que parecían responder a juegos humorísticos; y, finalmente, en la obra no había ninguna cantante calva".
También el público porteño reaccionó al comienzo en forma análoga, cuando Javier se atrevió a estrenar dos obras de Ionesco, La lección y Santiago, o la sumisión . Pero los críticos locales, no sujetos a los estrictos códigos franceses, fueron más perspicaces y prestaron atención al fenómeno que trastornaba al teatro occidental, encarnado sobre todo en Samuel Beckett y en Ionesco. Así, cuando llegó el turno de la puesta, dirigida por Javier, de Las sillas (con admirables interpretaciones de Alba Mujica y Lisandro Selva), el éxito estuvo asegurado. El pequeño libro (46 páginas) es un tesoro de información y evoca a entrañables figuras de la escena alternativa de entonces: entre otros, al maestro Saulo Benavente y a nuestra inolvidable colega y amiga Nina Cortese.