Invitado
24/11/2008, 21:46
Sanguinetti: aclaraciones y anuncios
"No vinimos a destruir el Teatro Colón"
Su director dijo que habrá seis óperas en 2009
Por Horacio Sanguinetti
Para LA NACION
El próximo 10 de diciembre se cumplirá un año desde que un nuevo equipo asumió la conducción del Teatro Colón. Por lo tanto, esta nota tiene carácter de rendición de cuentas. A saber:
Es conocida la condición en que recibimos el edificio, condición que la opinión pública ignoraba, esperando la reapertura el pasado 25 de Mayo. Debimos ser nosotros quienes diéramos la silenciada mala nueva.
A partir de allí se trabajó intensamente, primero al convocar a una licitación internacional de la cual surgió una dirección de obra. Luego, esa dirección debió acordar con las empresas que trabajaban desde antes y estaban largamente impagas la reconsideración de sus tareas.
Finalmente, el comitente ?que es el Colón?, tras desalojar esforzadamente, y casi por completo el edificio, por razones obvias de seguridad y operatividad, comenzó a plantear, textualmente, "consideraciones y pedidos, atento que tenemos por delante la etapa final de decisiones con relación a las obras". Hubo consultas, borradores y debates. También corrieron alarmas infundadas. El proyecto está, conserva todo lo bueno que el Teatro tiene y, dentro de los plazos previstos, permitirá reinaugurar las actividades en sala y escenario, comprendiendo camarines, espacios de ensayo y requerimientos cercanos.
La ley de autarquía, que hace décadas el Teatro reclamaba, fue votada por una imponente mayoría de la Legislatura, exactamente al mismo tiempo que muchos agoreros auguraban, con firmeza inconmovible, que abortaría. Permite al Colón disponer de sus cuentas, de recaudación, mecenazgos, etcétera, sin acudir a terceros ni asfixiarse en la cuenta única; establece mayores controles, admite contrataciones a futuro, y da agilidad y eficiencia a toda su acción.
El Colón no ha estado cerrado, sólo su edificio. Más de doscientas funciones mantuvieron activos a los cuerpos artísticos, que deben sostener su tarea y capacidad sin anquilosarse. Los formidables talleres han continuado.
Para todo ello, hubo que alquilar espacios alternativos, a veces inapropiados: para ensayar, para presentarse, para administrar, para conservar el ISA, el CETC, la Opera de Cámara, el Coro de Niños... Nuestra Orquesta Filarmónica de Buenos Aires pasará a llamarse, pronto y para evitar confusiones, Filarmónica del Teatro Colón.
Celebramos gozosamente el Centenario teatral. Convocamos -a veces en colaboración con otras entidades- a artistas notables: Berganza, Barenboim, Decker, Kabaretti, Corboz, Diemecke, Gelber, Chumachenco, Gintoli, Clein, Donohoe, Volonté, Lima, González, Ricci, Iñaki, Guerra, Paloma Herrera, García Vigil, Mintz...
Concretamos homenajes a Puccini, a Decker, a Juri, a Spiller...
Organizamos exposiciones del Colón en el BID de Washington durante tres meses -por mediación impagable de Félix Angel y del ministro Marcelo Cima, entre otros-, en el Museo de Arte Decorativo Firma y Odilo Estévez de Rosario, en la Biblioteca Nacional, en dos hoteles, en el CETC, en San Luis. De todo ello, se difundió poco.
Firmamos convenios de hermandad con veinticuatro teatros del interior, y llevamos ópera y ballet al domo del Chaco, al Círculo y al Astengo de Rosario, al Rivera de Córdoba, a Ushuaia, a Bragado, a La Plata, a San Luis, a Salta. Asimismo, enviamos ballet a Alemania, Austria, Holanda, Paraguay y Cuba.
Convocamos en Buenos Aires, a OLA, constituida por los directores de los grandes escenarios de América latina. Estrenamos dos óperas, de Sciamarella y de Lambertini; programamos los concursos Sicuri y Martini, y enviamos -por la acción irremplazable de Jutta Ohlson- artistas a concursos de Europa. El ISA llevó cantantes a los Estados Unidos, y en el Salón Dorado o el Foyer se presentaron los famosos y los novatos. Quince mil escolares nos recibieron en sus colegios. La mayoría de nuestras funciones fueron gratuitas para extender el gusto y la pasión por el arte. Ha sido una actividad inmensa, muchas veces silenciada. Pareciera que sólo se menciona lo que produce inquietud.
En 2009 tendremos una temporada de seis óperas; el abono de Filarmónica; el Colón Federal, que apoyará la lírica en el interior; el Ballet correspondiente, sin abdicar de ninguna de las actividades del Teatro que seguirá con su producción propia y, lejos de importarla, la exportará como ya lo hicimos a España, en 2008.
El Teatro Colón no será un shopping y tendrá, en cuanto a confiterías y ventas de souvenirs, las que siempre tuvo y cualquier gran emporio musical tiene. No queremos un teatro vip y frívolo, sino un gran teatro lírico, clásico y moderno, poderosamente popular.
Hablaremos con hechos. No entraremos en polémicas ni aun ante el agravio. Pero es ostensible que no vinimos a destruir el Colón. Lo hallamos semidestruido, quién puede negarlo. Entonces, nuestra misión es, simplemente, reconstruirlo.
Así será.
Horacio Sanguinetti es director general del Teatro Colón.
"No vinimos a destruir el Teatro Colón"
Su director dijo que habrá seis óperas en 2009
Por Horacio Sanguinetti
Para LA NACION
El próximo 10 de diciembre se cumplirá un año desde que un nuevo equipo asumió la conducción del Teatro Colón. Por lo tanto, esta nota tiene carácter de rendición de cuentas. A saber:
Es conocida la condición en que recibimos el edificio, condición que la opinión pública ignoraba, esperando la reapertura el pasado 25 de Mayo. Debimos ser nosotros quienes diéramos la silenciada mala nueva.
A partir de allí se trabajó intensamente, primero al convocar a una licitación internacional de la cual surgió una dirección de obra. Luego, esa dirección debió acordar con las empresas que trabajaban desde antes y estaban largamente impagas la reconsideración de sus tareas.
Finalmente, el comitente ?que es el Colón?, tras desalojar esforzadamente, y casi por completo el edificio, por razones obvias de seguridad y operatividad, comenzó a plantear, textualmente, "consideraciones y pedidos, atento que tenemos por delante la etapa final de decisiones con relación a las obras". Hubo consultas, borradores y debates. También corrieron alarmas infundadas. El proyecto está, conserva todo lo bueno que el Teatro tiene y, dentro de los plazos previstos, permitirá reinaugurar las actividades en sala y escenario, comprendiendo camarines, espacios de ensayo y requerimientos cercanos.
La ley de autarquía, que hace décadas el Teatro reclamaba, fue votada por una imponente mayoría de la Legislatura, exactamente al mismo tiempo que muchos agoreros auguraban, con firmeza inconmovible, que abortaría. Permite al Colón disponer de sus cuentas, de recaudación, mecenazgos, etcétera, sin acudir a terceros ni asfixiarse en la cuenta única; establece mayores controles, admite contrataciones a futuro, y da agilidad y eficiencia a toda su acción.
El Colón no ha estado cerrado, sólo su edificio. Más de doscientas funciones mantuvieron activos a los cuerpos artísticos, que deben sostener su tarea y capacidad sin anquilosarse. Los formidables talleres han continuado.
Para todo ello, hubo que alquilar espacios alternativos, a veces inapropiados: para ensayar, para presentarse, para administrar, para conservar el ISA, el CETC, la Opera de Cámara, el Coro de Niños... Nuestra Orquesta Filarmónica de Buenos Aires pasará a llamarse, pronto y para evitar confusiones, Filarmónica del Teatro Colón.
Celebramos gozosamente el Centenario teatral. Convocamos -a veces en colaboración con otras entidades- a artistas notables: Berganza, Barenboim, Decker, Kabaretti, Corboz, Diemecke, Gelber, Chumachenco, Gintoli, Clein, Donohoe, Volonté, Lima, González, Ricci, Iñaki, Guerra, Paloma Herrera, García Vigil, Mintz...
Concretamos homenajes a Puccini, a Decker, a Juri, a Spiller...
Organizamos exposiciones del Colón en el BID de Washington durante tres meses -por mediación impagable de Félix Angel y del ministro Marcelo Cima, entre otros-, en el Museo de Arte Decorativo Firma y Odilo Estévez de Rosario, en la Biblioteca Nacional, en dos hoteles, en el CETC, en San Luis. De todo ello, se difundió poco.
Firmamos convenios de hermandad con veinticuatro teatros del interior, y llevamos ópera y ballet al domo del Chaco, al Círculo y al Astengo de Rosario, al Rivera de Córdoba, a Ushuaia, a Bragado, a La Plata, a San Luis, a Salta. Asimismo, enviamos ballet a Alemania, Austria, Holanda, Paraguay y Cuba.
Convocamos en Buenos Aires, a OLA, constituida por los directores de los grandes escenarios de América latina. Estrenamos dos óperas, de Sciamarella y de Lambertini; programamos los concursos Sicuri y Martini, y enviamos -por la acción irremplazable de Jutta Ohlson- artistas a concursos de Europa. El ISA llevó cantantes a los Estados Unidos, y en el Salón Dorado o el Foyer se presentaron los famosos y los novatos. Quince mil escolares nos recibieron en sus colegios. La mayoría de nuestras funciones fueron gratuitas para extender el gusto y la pasión por el arte. Ha sido una actividad inmensa, muchas veces silenciada. Pareciera que sólo se menciona lo que produce inquietud.
En 2009 tendremos una temporada de seis óperas; el abono de Filarmónica; el Colón Federal, que apoyará la lírica en el interior; el Ballet correspondiente, sin abdicar de ninguna de las actividades del Teatro que seguirá con su producción propia y, lejos de importarla, la exportará como ya lo hicimos a España, en 2008.
El Teatro Colón no será un shopping y tendrá, en cuanto a confiterías y ventas de souvenirs, las que siempre tuvo y cualquier gran emporio musical tiene. No queremos un teatro vip y frívolo, sino un gran teatro lírico, clásico y moderno, poderosamente popular.
Hablaremos con hechos. No entraremos en polémicas ni aun ante el agravio. Pero es ostensible que no vinimos a destruir el Colón. Lo hallamos semidestruido, quién puede negarlo. Entonces, nuestra misión es, simplemente, reconstruirlo.
Así será.
Horacio Sanguinetti es director general del Teatro Colón.