
SER Y
ACTUAR
Como director y profesor de actuación he sentido
constantemente una cierta frustración al ver los resultados finales
obtenidos con los actores que dirigía o al ver a mis alumnos trabajar,
tanto en teatro, cine o televisión, me he hecho cientos de preguntas
sobre el porqué –luego de tantos trabajos – el logro obtenido está tan
lejos de la verdad buscada y deseada.
¿Qué es lo que ocurre? ¿Está en mí la
incapacidad para enseñar apropiadamente? ¿Los actores no aplican la
técnica y caen en sus hábitos con tanta facilidad? ¿Qué hace que luego
de muchos años de trabajo un actor termine actuando tan burdamente
como aquel que se ríe del estudio o la preparación, o aquel que por
alguna razón jamás paso por una escuela? ¿Es que la técnica no
resulta?... Me resistí a creerlo; me resistí a dar la razón a los que
están equivocados.
Entonces me pregunto ¿Es que hay algún
obstáculo que se interpone entre la persona y la utilización de las
técnicas que supuestamente funcionan? ¿Es el trabajo de Stanislavki
más fácil de discutir que de realizar?
Después de una intensa experimentación
y la constante cooperación de mis alumnos, entreveo el camino. La
respuesta estaba, naturalmente, en la misma persona que actúa. Una de
las razones, y creo la más importante, es la separación entre la
técnica y la realidad que vive el actor. El oficio está concebido para
autoexcluirse. Si un sistema ha sido concebido para ser personal, es
imposible que función en actores que no son personales y sobre todo ni
siquiera sepan qué sienten. Es imposible enseñar a actuar a una
persona si ella no está en contacto con su ser interior. Su
problema de actuación no puede resolverse sin modificar algo en la
vida del actor.
Si uno mira atenta y profundamente
descubre que el hombre se mueve en la estrecha franja exterior de un
mundo psíquico cuyo “centro” está muy lejos de serle accesible. Para
poder comprender lo que está ocurriendo tendría que empezar por “darse
cuenta” de su complacencia con los clichés y estereotipos que
constituyen “su saber”. Saber sobre él mismo y el mundo que habita.
Saber al qué se apega por la fuerza de costumbre, de los hábitos y por
la idea imaginaria que tiene acerca de sí mismo.
Alguien dice en un determinado momento
de su vida: “Yo quiero ser actor”, y la pregunta que surge enseguida
es, ¿quién es ese “yo” que quiere ser actor? Y a partir de esta
pregunta comienza una aproximación dedicada a la búsqueda y al
hallazgo de caminos que conduzcan al encuentro del “sí mismo”.
Descubrir, conocer y enfrentar los hábitos adquiridos durante toda la
vida desarrolla y hace dueño al actor de un estado de siendo, desde el
cual la verdad puede emanar. Solo en ese estado de siendo, la técnica
puede funcionar.
SIENDO
TÚ MISMO.
Padres bien intencionados, políticos, educadores, medios de
comunicación, las religiones; todo tipo de disciplina y control han
pretendido dirigirte y ahogar tus impulsos normales. Todos estos
agentes han tenido un enorme impacto sobre ti. Te han robado tu
expresión más impulsiva, cuando tenías diez años. Has entrado en la
vida adulta con un gran número de inhibiciones e inseguridades y, lo
que es peor, has crecido sin estar en contacto con lo que realmente
sientes.
El primer paso es ACEPTAR que tienes
el derecho de ser todo lo que tú eres. Tienes derecho a todos tus
sentimientos y derecho a expresarlos. Si ACEPTAS esto muy real y
profundamente habrás dado el primer paso en el camino del SIENDO.
Es verdad que hay una gran cantidad de actores muy
buenos que hacen un buen trabajo, pero la mayoría de esos actores
hacen que son naturales, pero no son necesariamente más REALES:
Imitan la verdad.
En la actuación, en general, hay un
alto grado de simulación que toma el lugar de la verdad, y ésta no es
la verdad de la que yo hablo. La verdadera sencillez, la fundamental,
sólo puede originarse en el fuero íntimo, y de ahí proviene la
expresión. Sólo es posible alcanzar el estado de siendo cuando uno
comprende los innumerables impedimentos, apegos, temores que a uno lo
tienen sujeto. Pero a la mayoría de nosotros nos gusta estar sujetos a
las personas, a las posesiones, a las ideas, a nuestros hábitos; nos
gusta ser prisioneros. Interiormente somos prisioneros, aunque
exteriormente parezcamos muy libres. Cuando más reprimimos, cuanto más
sustituimos, cuando más sublimamos es cuando más y más nos alejamos de
la sencillez y la verdad. Esta sencillez y verdad llega tan solo con
el conocimiento propio, mediante la comprensión de nosotros mismos de
las modalidades de nuestro pensar y sentir, de la actividad de
nuestros pensamientos, nuestras respuestas, comprendiendo cómo nos
sometemos, por miedo a la opinión pública, a lo que los otros dicen.
¿Qué es lo primero que descubro en un
joven que viene a mí para que le enseñe actuación, o en un actor al
que tengo que dirigir en una obra? Lo primero que hago es examinar el
patrón general de la vida de esa persona. Esto suele revelar ciertos
bloqueos que impiden su libertad, impulsividad y expresiones reales.
Estos bloqueos pueden estar presentes tanto en el nivel físico como
espiritual. Los bloqueos más comunes son actitudes y emociones
negativas que mucha gente lleva consigo constantemente. Por supuesto,
el primer paso es que esta persona quiera real y sinceramente
encontrarse a sí misma, entrar en el estado de siendo, enfrentarse con
sus fantasmas más temidos; su envidia, celos, su baja autoestima, su
negatividad constante, sus engaños, sus creencias, que nunca son
suyas, siempre adquiridas.
El estado de siendo es un estado en el
que la experiencia y la conducta son afectadas por los estímulos
externos e internos.
La persona-actor responde mediante la
expresión de estos sentimientos “momento a momento” sobre su base
orgánica SIENDO CONSCIENTE de todo lo que le sucede en el área del
cuerpo, el área de la mente y el área de las emociones, “momento a
momento” siendo es un estado de la vida dentro del cual el mayor
numero de facetas de la llamada personalidad están expuestas y nos
sirven para expresarnos como artistas. La división entre el impulso
real del actor y la vida qué él eligió expresar es el principio de la
búsqueda para obtener el estado de siendo. Si se produce una
separación entre la experiencia y la expresión, lo más real y
excitante, lo más vivo no esta presente, no se manifiesta.
Si al comienzo de una escena o
monologo se le pregunta al actor: ¿Qué te está sucediendo exactamente
ahora?, responderá generalidades, dirá cosas que no son claras; el
hecho es que no tiene conciencia de qué le esta ocurriendo. Y cuando
toma real conciencia, eso que descubre no tiene que ver con lo que
está haciendo y expresando. No está siendo incluido en el proceso del
trabajo; él se está dejando fuera; está siendo reverente con el texto
e irreverente con él mismo.
El comienzo del trabajo es entonces
exclusivamente con el instrumento, descubriendo, tomando conciencia
momento a momento de la realidad que está sintiendo el actor. El
comienza a ser más honesto, ampliando la dimensión de su trabajo
escénico; comienza a ser más personal y con menos “predecibles”.
Esencialmente el concepto de siendo se desarrolla como una filosofía
en relación a la vida y la actuación.
La manera de aproximarse a una escena
es entonces tomar conciencia de todo lo que yo estoy sintiendo momento
a momento. El sistema nervioso central percibe y procesa un gran
cúmulo de información que está almacenada fuera del ámbito de la “toma
de conciencia” cotidiana.
El conflicto, el dolor, la pobre
auto-estima, los problemas no resueltos pueden originar inquietudes
cónicas, bloqueos emocionales y aun alguna enfermedad.
La verdad sólo puede ser creada desde
un lugar de verdad. El actor no tiene que considerar tanto lo que “debe
hacer”,
sino lo que “es”.
Ser significa vivir, permanecer activo, nacer momento
a momento, renovarse, dinamizarse, moverse, ser productivos.
Ser significa estar activos en el sentido clásico de
expresar productivamente nuestros poderes humanos, no en el sentido
moderno de estar ocupado.
Estar
activo significa “salir” de si mismo,
HACER
NI MÁS NI MENOS QUE LO QUE SE SIENTE,
sólo que antes hay que saber que se siente y antes saber cómo saberlo
y expresarlo totalmente,
INSISTIR EN SER HUMANOS.
Carlos Gandolfo
Para el boletín del
Centro
Andaluz de Teatro.
2/3/1991.
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