Ir más allá de la propia lectura de la realidad, por Peter Brook

"Creo que el trabajo de todo artista es tratar de buscar una manera de ir mas allá de su propia visión de las cosas, de su propia lectura de la realidad. Se trata de una lucha dialéctica entre lo que parece ser la visión propia, que imaginamos completa, y la sensación de que hay otra lectura, más amplia y rica.

He leído, en un periódico español algo que supuestamente debería ser un cumplido para mí, pues se afirmaba que yo era alguien que tenía la capacidad de ver más allá de la realidad. Yo no lo tomé como un cumplido, justo al contrario, pues pienso que ninguno de nosotros percibe suficientemente eso que hemos dado en llamar realidad..., imagine lo que implica captar lo que está más allá de la misma. Nadie puede hacerlo, creo. Lo que si podemos hacer es comprobar lo limitados que estamos a la hora de acercarnos a la realidad. El autor, en el teatro actual, es nuestro colaborador más importante, y ahí están todas esas grandes obras con las que trabajamos, desde la tragedia griega, pasando por Shakespeare, hasta las piezas modernas; todo el teatro que se hace en el mundo occidental está basado en textos de los grandes autores como Calderón, Lope...

El problema radica en que hasta el siglo XX, como regla general, el autor tenía la capacidad de ser generoso con el mundo e ir más allá de su lectura, hecho que, en ocasiones, lo convertía en el portavoz de toda una nación, pues los grandes poetas no hablaban de sí, ni de sus problemas, sino que presentaban los que afectaban a una amplia masa social. Esa capacidad de tener una visión generosa, en la que el autor abandonaba su rol para colocarse en el de los demás, en el de miles de seres humanos, fue decreciendo debido a muy diversas razones y ya sé que se trata de una cuestión compleja, pero sólo quiero decir que en el siglo XX, esa capacidad, esa generosidad que encontramos, por ejemplo, en grandes novelistas como Tolstoi, Dostoievski, Balzac, Zola.... en su visión del mundo, se ha difuminado, ha desaparecido. Hay excepciones como Beckett o Pinter, autores que en un espacio minúsculo consiguen crear un mundo enormemente complejo, que intentan ir mas allá de su propia realidad. Quizás el más interesante en la actualidad sea Beckett, quien da la impresión de ser minimalista, pero que crea situaciones que tocan cada una de nuestras fibras y cuando uno considera sus textos, descubre que pueden ser representados en todo tiempo y lugar y para todo tipo de gentes. Esa capacidad, sin embargo, es tan rara que la nueva escuela que ahora se está conformando en Inglaterra, en su conjunto y sin ánimo de crítica, muestra algunas carencias, y no de obras, sino de textos con la suficiente objetividad, de piezas en las que la marca del autor no sea tan evidente, tan insistente. Y también habría que considerar que aquella vieja idea que ponía a los actores y directores al servicio del autor, es una idea muerta, pues, ¿quién dijo que el autor tiene que ocupar ese rol central? Esa es la razón de que yo haya trabajado durante tantos años con Jean-Claude Carrière que comenzó como guionista de cine, porque los guionistas aprenden desde un principio que su trabajo implica colaboración y eso supone abrir su visión, la visión de los actores, la visión de los directores, para intentar capturar algo nuevo. Esa es la naturaleza de la colaboración, que implica saber aceptar las propias limitaciones, y aprender a aprender.

Que un director se coloque a sí mismo en el lugar del autor, afirmando que no hay buenos autores e insistiendo en su derecho a proyectar su propia visión de la vida, supone caer en el mismo error, pues el director pasa a ser un autor con similares limitaciones. Ante esta situación, que yo quisiera considerar temporal, habría tres posibilidades.

La primera sería esperar a que aparezcan buenos autores o autoras.

La segunda, podríamos trabajar en colaboración con los propios autores, de modo que autores, actores y directores, todos juntos, consigan hacer algo que, por separado, no podrían, porque pensar que el actor lo puede hacer todo es una estupidez, decir que el director sí puede es una arrogancia y, finalmente, el autor tendría que probarlo. Pero juntos, seguramente podrían hacer un buen trabajo.

Y la tercera posibilidad, que puede ser una solución de emergencia, consiste en trabajar con otro tipo de escritores, personas con una formación diferente, como Colin Turnbull, un antropólogo del que tomamos diversos materiales para realizar el espectáculo The iks. Y un antropólogo, cuando es bueno, tiene que tener talento para escribir, para escuchar y observar, para recoger lo esencial, pero sus intereses no están en sí mismo, sino en la vida, que es lo que aparece reflejado en su obra. Otro tanto ocurrió con los materiales de Oliver Sack, un doctor en neurología que tiene un único interés, usar su talento para captar y analizar la realidad concreta que lo rodea. Muy similar fue el trabajo que hice con Peter Weiss en el Marat-Sade, un autor que yo consideraba de los más interesantes pues aún cuando Weiss era miembro del Partido Comunista, no podía soportar la ortodoxia. Era pintor, poeta, y, como pintor, hacia collages. Cuando escribió dos de sus obras más importantes, Marat-Sade o aquella otra sobre Auschwitz, The investigation, en ambos casos, no ofreció su propia visión como miembro del partido, sino que tomó documentos contradictorios, de modo que todo cuanto Sade o Marat dicen, son sus palabras originales, pero su talento como pintor de collages poéticos le permitió hacer una maravillosa construcción dramática con todo aquello.

Esa es para mí la razón de que mucha gente en el teatro parta de obras del pasado o de documentos no literarios o no dramáticos del presente, quizás esperando que también los autores tomen buena nota de tales posibilidades y procedimientos y sean capaces de ofrecer una visión más amplia de la existencia.

En cualquier caso también tengo que reconocer que escribir es un trabajo muy duro, y más en una sociedad en la que el éxito de un autor y la continuidad de su trabajo depende de ofrecer una visión estrictamente personal. Por eso se trata de una cuestión verdaderamente compleja."