Un estudiante le pregunta a Anthony Hopkins...

Una estudiante le pregunta a Anthony Hopkins en el ciclo Inside the Actors Studio

Estudiante: Hiciste una actuación y no te sientes bien con ello, no te sientes conforme contigo, estas frustrado. ¿Hay algún consejo?

A. H.: Stanislavsky dijo, en sus notas de producción de Otelo al actor que interpretaba a Brabancio: No pienses que lo harás bien. Tal vez la noche del lunes lo hagas perfectamente. Tal vez la noche del martes sigues, y no logras despegar. Todos tuvimos esos momentos. Uno está en el escenario y piensa que su actuación fue fantástica y ésa suele ser la noche que no es así. Porque piensas que lloras, te emocionas y la gente… se duerme. Porque lo mejor es subir al escenario y brindar una actuación fluida e improvisar en el marco de ello. Y es muy posible, que si estas calmado, y eliminas tu ego cuanto más puedas, entonces podrás despegar. Y esos momentos son mágicos. Y suceden. Pueden suceder desde el guion, de la naturaleza de lo escrito y si tienes un gran director, puede suceder cualquier accidente. A veces no sucede, pero no debes preocuparte. No debes trabajarte en eso. Porque, finalmente, nada de eso es importante. La otra cosa cínica que te diré, la cual es conmocionante, es que si ninguno de nosotros volviese a actuar jamás, el mundo no se detendría. Si yo no volviese al escenario o no volviese a filmar una película, todo seguiría. ¿A quién le importa? Y saber eso es una gran libertad. Te lo tomas con calma y sabes que será lo que deba ser. Tengo algo más que me ayuda a seguir: "Hoy es el mañana que tanto me preocupaba ayer”

Estudiante: Tony, ¿cómo alineas tu mente con la mente de tus personajes para poder estar seguro que tus pensamientos son lo que debe estar pensando? ¿Se comprende lo que intento decir?

A.H.: Si, tiene sentido que hagas esa pregunta. Pero no puedes, es imposible convertirte en el personaje. No puedes, es imposible.

Estudiante: ¿Y qué haces en lugar de eso?

A.H.: Laurette Taylor actuó en “The glass menagerie” y la gente quedó fascinada con la realidad, con el realismo de su actuación. Y ella dijo: “Sólo escucho lo que dicen lo otros actores”. Y una vez que escuchas es como un partido de tenis. Tu eres John haciendo de Hamlet, o lo que sea. Eres John. Scorsese dijo algo muy interesante sobre Clint Eastwood la otra noche. Dijo que en cada una de sus actuaciones, Eastwood es diferente, pero siempre es Clint Eastwood. Uno dice: “Siempre es Clint Eastwood”. Pero hace de Clint Eastwood mejor que ningún otro. Cuando hizo Harry el Sucio y está en la cafetería y le pregunta a un tipo: "qué está sucediendo afuera", toma su arma, cruza la calle , ve al otro tipo y le dispara. Dice: “Alegrame el día” pum… y luego sonríe. Y es todo lo que se necesita. Brando era el mejor en eso. Cuando actuó en “El Padrino” y Coppola le coloco un gato que estaba en el estudio sobre su regazo. Duvall dijo: ¡no hizo nada más que jugar con el gato! (Imitando a don Corleone) “Nunca saludas a mi familia… No digas nada, llamame Padrino”. Usó el gato, usó la situación y fue brillante.

Estudiante: En “Lo que queda del día” ¿te habría gustado agregar en la película algo más de la novela?

A.H.: No, creo que allí estuvo todo. La gente suele preguntarme “¿Cómo hiciste para interpretar a un hombre tan reprimido?” Bueno, no me moví mucho. Todo está allí, todos los sentimientos reprimidos. No mis represiones, pero casi no hace falta actuar, simplemente te quedas muy quieto y dejas que los espectadores pasen por esa experiencia junto a ti. Cuando ven que es tan tonto, que no se entrega al amor de Emma Thompson. Se debe a su trabajo, podría ser un hombre feliz. Obviamente, es un hombre infeliz. Y hago feliz a los espectadores, ellos lloran por mi. Yo no, porque sólo soy el mayordomo Stevens haciendo su trabajo en el servicio. Y eso hace llorar al público. No hace falta que yo llore. El público llora por él. Al igual que la audiencia se asusta con Hannibal Lecter. No porque yo sea aterrador, sino porque se asustan ellos mismos. Se preguntan qué hará luego, ya sabes, así es el juego. Así es el juego de la actuación.

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