El conocimiento de sí mismo

Para el estudiante y para el actor, el personaje más importante, antes de cualquier otro, es él mismo. Debe recorrer el camino del autoconocimiento. Antes de recorrer algún otro. 

Recorriendo el camino hacia sí mismo es como puede alcanzar una madures creativa. Investigarse a sí mismo antes que cualquier otro personaje imaginario. Descubrirse a sí mismo, conocerse, requiere tiempo, valor, tolerancia, sin una verdadera comprensión de sus mecanismos internos, de su funcionamiento no podrá entender a otro ser. Es a través del autodescubrimiento donde puede hallar liberación y creación. 

Lo que se debe descubrir es una “cierta verdad”. Si el actor se adapta, si quiere responder a la imagen que otros se han forjado de él, o la que él mismo se ha modelado sus trabajos actorales solo responderán a esos modelos y será siempre una fiel copia de una fiel copia. He descrito anteriormente, quizá con demasiada reiteración, aunque nunca sea suficiente para llegar a entenderlo, como somos algo que nos dijeron que éramos, como nos modelaron una personalidad, y respondemos constantemente desde esa persona que suponemos que somos.

El camino del arte, cualquiera que sea, no es más que un largo camino hacia sí mismo. El actor es el que más abandonó este presupuesto. Nada se puede obtener por un acto de “voluntad”.

Con el tiempo descubrirá el actor que una buena realización no depende de su buena voluntad. Hace falta comprender el conflicto, pensar y conocer los opuestos en profundidad sin aceptarlos ni rechazarlos, vale decir, con un estado de consciencia alerta y despierta en el que no haya opción. Solo no negando, ni rechazando, no aceptando ni comparando se amplia nuestra consciencia. No alimentando el conflicto creado por los opuestos que viven dentro de nosotros y que nos fueron impuestos. Este entendimiento es creador.

Luchar pasivamente para hallar la raíz del duelo interno, de la lucha denodada de los opuestos que generan la inquietud, la desolación, el dolor, el fracaso, impidiendo la libertad de nuestros pensamientos y la creación. Para poder acceder a algo no podemos separarnos en oposición. Cuando se logra el cese de la auto contradicción interna se produce el vacío creador. Mediante la atención constante y alerta de sí mismo, sin intervención, mediante el conocimiento propio se hala el campo de la creación. La base del actor es el constante proceso de autoconocimiento. Seguramente aquí esta creciendo la pregunta, y bien, pero ¿cómo se logra esta? No hay respuesta, no hay técnica. No hay ninguna receta. Cualquier que se quisiera dar crearía un nuevo condicionamiento. El actor debe recorrer solo este sendero. La doctrina Zen habla del “espíritu cotidiano” que consiste simplemente en “dormir cuando se esta fatigado”, en “comer cuando se tiene hambre” y agrega una de las grandes difusores de esta filosofía:

Suzuki “el hombre es una flecha pensante, pero sus más grandes obras sólo las realiza cuando no está pensando o calculando".

La ‘puerilidad’ debe ser recuperada a través de largos años de adiestramiento en el arte del olvido de sí, y cuando se logra, el hombre piensa aunque no piense”. Piensa como la lluvia que cae del cielo, como las olas que agitan el océano, como las estrellas que iluminan el cielo nocturno, como el verde follaje mecido por la suave brisa de la primavera. En realidad él es la lluvia, el océano, las estrellas y el follaje.

Carlos Gandolfo

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