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Crítica del diario "LA NACION" - 23/6/2001

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Opinión del diario: Bueno.

 

La máscara y el rostro

 

Menuda tarea encaró Carlos Gandolfo en esta búsqueda de Pirandello por medio de su obra, sobre todo porque como autor trasciende la estructura dramática para entrar en un escenario filosófico...

 

"Cada uno a su modo" pertenece a una trilogía, junto a “Seis personajes en busca de un autor” y “Esta noche se improvisa”, que recurre al recurso de “teatro como en el teatro” para plantear las relaciones entre apariencia y realidad. Un tema que a principios del siglo XX preocupaba a los filósofos existencialistas.

 

La tesis que plantea la pieza es la de la realidad que copia al teatro, aunque se trate no ya de una realidad auténtica, sino de una ficticia. Es decir, se conjugan el rostro y la mascara o, dicho de otra manera, la verdad y la apariencia.

 

De esta forma, en la representación se cruzan varias líneas que corresponden a tres niveles diferentes.

 

Por un lado están el autor –casi un demiurgo- y los actores que van a trabajar en una comedia basada, presuntamente, en un hecho verídico. Luego están los personajes que van a encarnar los actores. Hasta aquí, “teatro como en el teatro”. Pero Pirandello realiza una vuelta de tuerca y planta frente a la representación a un hombre y una mujer, instalados en la platea, que son los protagonistas reales del drama que se verá sobre el escenario.

 

Este planteo que parece ser complicado queda muy claro en la versión de Gandolfo y se resuelve a la manera pirandelliana. La representación se suspende por conflicto entre los personajes “reales”, que terminan por copiar las acciones de los ficticios, y los actores, que se niegan a continuar con esa historia.

 

Más allá de esta tesis y desde el punto argumental, Pirandello utiliza una parte de la herencia naturalista, condimentada con situaciones que le permiten volcar su mirada ácida sobre las costumbres, las convenciones, la hipocresía, el afán de cubrir las apariencias.

 

En el medio de todos estos apuntes sociales, el tema predilecto del autor italiano: la duda, que lleva a la confusión y a la contradicción.

 

La propuesta resulta muy interesante e inquietante porque obliga a una participación mentalmente activa del espectador, que también se siente invadido por la incertidumbre con respecto a los hechos, haciéndose difícil marcar la línea entre lo real y lo ficticio.

 

CUESTION DE FOGUEO

 

Para la puesta, Gandolfo realiza un interesante despliegue de recursos escenográficos, subrayando esa oposición entre realidad-ficción. Un living con apuntes realistas se desnuda para mostrar una estructura que, a la vista del espectador, se convierte en una especie de sala de trabajo. Transformaciones que también se perciben en el diseño lumínico.

 

Por la complejidad que presentan estos diferentes niveles de acción, que obligan al desdoblamiento de actor-personaje y viceversa, se hace necesaria la participación de profesionales fogueados. En este caso, Gandolfo recurre a un grupo de jóvenes actores que posiblemente no llega al nivel exigido, al menos en la composición y credibilidad de los personajes. Pero como contrapartida, y en compensación, el elenco vuelca tal grado de energía que hace presumir que con el trajinar de las funciones alcance convincentes interpretaciones.

 

Susana Freire.

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